Insuficiencia alimentaria.

Estrategias para la superación de la pobreza en el medio rural.
(Ideas para generar la discusión)

En el mundo se producen más alimentos de los necesarios para atender las necesidades alimenticias de toda su población, sin embargo existen 840 millones de personas en condiciones de malnutrición y hambre.
A escala mundial existe la tecnología necesaria para producir excedentes de alimentos y crear reservas estratégicas, sin embargo con frecuencia deben destruirse millones de toneladas para restablecer “los equilibrios” y hacer funcionar la “lógica del mercado”.
Mientras en el África Subsahariana los niños se mueren de hambre, en los países desarrollados y en los llamados en vías de desarrollo, la obesidad se ha convertido en uno de los principales problemas de salud pública.
México se mantiene en niveles inaceptablemente altos y es que los niveles actuales de pobreza, son similares a los registrados a comienzos de los años 90, hecho que muestra que los últimos 15 años han sido una pérdida en combatir esa condición que afecta a más de la mitad de los mexicanos, más del cincuenta por ciento de los habitantes del país son pobres, debido en gran medida a la gran desigualdad en los ingresos, la décima parte más rica de la población gana más del 40 por ciento de los ingresos totales, mientras la décima parte más pobre solo obtiene 1.1 por ciento. Además contribuyen a la pobreza la profunda desigualdad regional y étnica y las diferencias en cuanto al acceso a la salud, a la educación y a los servicios públicos de buena calidad.
Según el Banco Mundial, alrededor de 53 por ciento de los 104 millones de habitantes están en esta situación, definida como un nivel de consumo por debajo de las necesidades mínimas de alimentos básicos y algunos otros bienes no alimentarios básicos. Cerca del 24 por ciento de la población es considerada “extremadamente pobre”, es decir, con un ingreso insuficiente incluso para una nutrición adecuada.
En el medio rural de nuestro país, uno de cada seis niños padece desnutrición activa en alguno de sus grados, lo que afecta su crecimiento y maduración, colocándolo en desventaja para el aprendizaje escolar, este es un problema que esta ligado a la pobreza y sigue el mapa de la miseria que se genera en el país, el llamado desarrollo desigual permite crear tres zonas donde la intermedia y la del sur presenten los mayores problemas. Mientras en Sonora cerca de 87 por ciento de los niños registra un crecimiento normal, en Guerrero –sobre todo en la montaña- 63 por ciento esta desnutrido y 10 por ciento padece de desnutrición en tercer grado, que es la más grave.

El hambre.

Es la manifestación más extrema de la pobreza y la privación humana.
El hambre en un mundo caracterizado por la abundancia no sólo es una vergüenza moral, sino que es también una violación del más fundamental de los derechos humanos, el derecho a una alimentación sana y suficiente.
El hambre comporta grandes costos económicos: la salud y la productividad de las personas, el crecimiento de las naciones y el uso sostenible de los recursos naturales quedan gravemente comprometidos por el hambre. Las personas hambrientas son incapaces de trabajar a pleno potencial, son más débiles, más precarias en salud y carecen de la capacidad para ahorrar e invertir.
El hambre es a la vez causa y efecto de la pobreza. Las personas que padecen hambre no encuentran fácilmente la vía de salida de su pobreza. Las personas hambrientas tienen que ocuparse a fondo en su intento por subsistir, porque sus actividades están centradas en la lucha por encontrar la siguiente comida.
El hambre reduce la capacidad de los niños para crecer y aprender hasta todo su potencial. Las personas hambrientas no pueden realizar trabajos físicos pesados, caen enfermas con mayor frecuencia y tienen mayor probabilidad de morir cuando son todavía jóvenes, lo que es todavía peor, el hambre se perpetúa cuando las madres desnutridas procrean niños débiles, malnutridos y con grandes deficiencias. Se crea así un círculo vicioso de hambre y pobreza, del cual los pobres y hambrientos difícilmente pueden salir sin ayuda externa.
El hambre es el resultado de un círculo perverso, por un lado reproduce la pobreza y por otro hace más ricos a los ricos.
La Cumbre Mundial sobre la Alimentación (CMA) de 1996, convocada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, (FAO), hizo un llamado para que se redujera a la mitad el número de las personas hambrientas para el año 2015, sin embargo si no se adoptan medidas firmes y a la medida del problema, este objetivo no será alcanzado en el año 2015. Los avances son insuficientes a la fecha y nos indican que de no tomar medidas radicales ahora, no se cumplirán los compromisos.
Con una inversión pública adicional estimada en aproximadamente 24,000 millones de dólares al año, dirigida a los países pobres, sería posible alcanzar el objetivo de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación (CMA) y reducir a la mitad, en forma sostenible, el número de personas hambrientas para el año 2015. Al alcanzarse este objetivo y en consecuencia, se producirían beneficios adicionales por valor de al menos 120,000 millones de dólares al año, ya que esta población viviría mejor, más tiempo y más sana. Así pues, la lucha contra el hambre no es sólo un imperativo moral, sino una fuente de grandes beneficios económicos.

Los Recursos Naturales.

La tierra, el agua y los recursos genéticos vegetales y animales hacen posible que la agricultura, la pesca y la silvicultura contribuyan a la producción de alimentos y al desarrollo rural. Si se combinan con tecnologías adecuadas, capital financiero, mano de obra, infraestructura e instituciones, su productividad aumenta.
Esta combinación de recursos y de ingenio humano ha hecho posible que la producción alimentaria mundial crezca más rápidamente que la demanda a pesar de la menor disponibilidad de tierra per cápita y de recursos hídricos y la tendencia a la reducción de los recursos genéticos.
Para que las necesidades alimentarias puedan atenderse en el futuro, el aumento de la producción deberá proceder sobre todo de una utilización más intensa y eficiente de estos medios limitados de producción. Al mismo tiempo, habrá que adoptar medidas adecuadas para detener la destrucción y degradación de los recursos naturales.
La garantía de la inocuidad y la calidad de los alimentos es un aspecto esencial de la seguridad alimentaria, ya que los alimentos contaminados son una causa importante de enfermedades y mortalidad. Todos debemos invertir urgentemente en crear una mayor capacidad institucional para asegurar niveles superiores de inocuidad y calidad de los alimentos y de cumplimiento de las normas internacionales a lo largo de la cadena de la alimentación; es también fundamental adoptar medidas para impedir la difusión de plagas y enfermedades de animales y plantas, ya que ello puede tener efectos devastadores en la higiene y la seguridad alimentaria, medidas que no consideren el uso indiscriminado de agrotóxicos, que contaminan los recursos y son perjudiciales para la salud humana.
La agroecología es una alternativa sostenible para la agricultura familiar, esto se ha demostrado con escasos recursos y en contra de las grandes tendencias que privilegian el uso intensivo de agroquímicos y mecanización; se debe apoyar el fortalecimiento de la agricultura familiar mediante programas de investigación, extensión y crédito.
Los frutos de la investigación agrícola y el desarrollo de la tecnología están dominados por unas cuantas compañías transnacionales que comercializan semillas, insumos y diversos productos agrícolas, encarecen sus costos y llevan como propósito principal el lucro. Los gobiernos deben intervenir con legislación actualizada para que los beneficios de la investigación sirvan a la humanidad y contribuyan a abatir el hambre en el mundo.
Sin embargo, quedan muchos sectores de investigación básica y especialmente de extensión, en los que los pequeños agricultores con el apoyo del gobierno, pueden participar y contribuir a la seguridad alimentaria, sobre todo en la pequeña y mediana agricultura. Las empresas privadas no estarían dispuestas a realizar investigaciones en estos sectores, los cuales pueden ser fundamentales para el desarrollo agrícola y la ordenación sostenible de los recursos naturales, entre ellos se incluyen, en el caso de la investigación.
La mayor parte de las formas de desarrollo de tecnologías favorables a los pobres y muchos de los planteamientos de desarrollo agrícola que no dependen de un mayor uso de insumos adquiridos, como el manejo integrado de plagas o las medidas para aumentar el contenido de materia orgánica de los suelos, mejorar la eficiencia del uso de fertilizantes (por ejemplo, mediante la fijación biológica del nitrógeno) o conservar los recursos genéticos, debido a que los usuarios directos de estas investigaciones son pobres y están dispersos y a que son fáciles de copiar, su realización no resulta rentable para las empresas privadas. Por consiguiente, la responsabilidad de la realización de investigaciones en estos sectores debe seguir recayendo en el sector público.

Derecho a una alimentación sana.

Mejorar la atención familiar y las prácticas de alimentación y establecer hábitos alimentarios adecuados para toda la vida es esencial para mejorar y mantener una salud y nutrición satisfactorias.
Las campañas bien orientadas de comunicación y educación sobre la alimentación y nutrición pueden tener también profundos efectos en la opinión pública acerca de las cuestiones relativas a la pobreza, el hambre y la nutrición y pueden ser instrumentos poderosos para generar la voluntad popular y política necesaria para mitigar el hambre.
En dicha educación se debe insistir en la importancia de una alimentación equilibrada desde el punto de vista nutricional y diversificada, a fin de reducir la malnutrición de micronutrientes.
Evitar el alto consumo de alimentos chatarra y refrescos que tanto han penetrado en las comunidades rurales, al punto que representan un gasto superior que el consumo de leche o incluso que el gasto en educación. Reconocimiento del derecho de los pueblos y comunidades a una alimentación sana y suficiente y a la producción sustentable de alimentos. Asegurar el derecho a la alimentación de todos los pueblos, para ello se debe instituir la participación de las organizaciones de la sociedad civil, para la implementación de programas de ayuda y distribución de alimentos.
Asegurar el derecho a la producción alimentaria, implementando políticas y desarrollando programas sobre reforma agraria, promoción y desarrollo de tecnologías apropiadas a las condiciones particulares de cada región, desarrollo de la pesca artesanal, rescate de los sistemas tradicionales de producción sustentable y fortalecimiento de las economías familiares.
Asegurar el derecho de acceso a la alimentación, mediante esquemas de comercialización directa y sin el predominio de los monopolios comerciales, promover la generación de empleo y autoempleo como forma de disminución de las desigualdades sociales, reconocer, respetar y apoyar las formas de producción agrícola, pesquera, ganadera, la caza y las prácticas de pastoreo de las poblaciones indígenas, donde éstas han resultado eficaces para una buena alimentación sin dañar los ecosistemas.
Asegurar el derecho a la nutrición, implementando mecanismos de control de calidad de los alimentos, con una prioridad en la alimentación nutritiva de los niños; los alimentos que no respeten los estándares de seguridad alimentaria, no deben usarse en los programas de ayuda alimentaria, incluidos los alimentos genéticamente modificados.
Se requieren políticas e instituciones adecuadas que permitan perfeccionar el capital humano e incrementar su potencial, aumentar el acceso a los recursos productivos, promover la generación de conocimientos y tecnología y su adaptación en beneficio de los pobres y aumentar el acceso de éstos a los mercados.
La calidad y transparencia de la función de gobierno y de administración pública, la utilización de un enfoque participativo en la formulación y aplicación de políticas a todos los niveles, y un decidido compromiso a favor de la igualdad del hombre y la mujer son elementos indispensables de un marco normativo propicio para los sectores pobres de la población.


Desarrollo productivo con equidad de género.


(Un enfoque de género)

Por casualidad cayó en nuestras manos un acta de nacimiento de una mujer de cuarenta y tantos años de una comunidad de Guerrero, que decía en el apartado de los datos de su madre: Ocupación.- Labores propias de su sexo; tratando el brillante registrador de abreviar lo obvio para no explicar o al menos escribir: “labores domésticas”.En efecto esto resultaría razonable, si consideramos que por ejemplo en 1970, de cada 100 mujeres mayores de 12 años, solamente 17 se dedicaban a actividades denominadas económicas, es decir que más del 80 por ciento, descontando las que estudiaban, estaban dedicadas a las labores domésticas.
Datos recientes del INEGI, señalan que en treinta años, la proporción de mujeres que realizan actividades denominadas económicas, ha ascendido al 37 por ciento; en este sentido, podemos entender que aún con los cambios en la legislación mexicana, con el desarrollo tecnológico, con las mayores oportunidades para las mujeres, el papel predominante que la sociedad le continúa otorgando a la mujer, es el del trabajo doméstico y cuidado de los hijos. Oficialmente este tipo de trabajos en la actualidad no se valoran económicamente, ya que el propio INEGI lo agrupa en el apartado de población no económicamente activa.
Sin embargo, para este “privilegiado” sector de población femenina ingresado a la población económicamente activa, su nuevo rol en el mercado de trabajo, no significa dejar de realizar los trabajos domésticos, más bien significa un trabajo adicional a lo que el registrador civil de Zitlala, Guerrero llamó “labores propias de su sexo”. En efecto, el 95 por ciento de las mujeres mayores de 12 años, adicionalmente a su ocupación o actividad, participan en los trabajos domésticos.
Estas estadísticas se hacen más contrastantes si las llevamos al medio rural, donde las condiciones de vida de las mujeres, marcadas por mayores limitaciones, pobreza, precarios niveles de salud, mínima escolaridad, escasas oportunidades de desarrollo, etc. las condenan a relaciones sociales desiguales con el hombre, que con frecuencia se manifiestan en discriminación, sumisión y maltrato.
México es un país de pobres, más de 40 millones de hombres y mujeres sobreviven con menos de los requerimientos indispensables para tener una alimentación sana y suficiente, baste mencionar que mientras:


El 10 por ciento de la población más próspera, recibe el 60 por ciento del ingreso que se genera en el país.
El 60 por ciento de la población más pobre, recibe el 10 por ciento del ingreso que se genera en México.

Se ha dicho con verdad que los más pobres de los pobres se encuentran en el medio rural, habría que agregar que, “de entre los más pobres de los pobres, las mujeres son todavía más pobres”, porque la mujer rural además de la pobreza económica, padece la pobreza de oportunidades de superación, la pobreza de reconocimiento a su trabajo y su aporte al desarrollo de su familia, la pobreza mental de quienes la consideran solo un objeto de utilización y no un sujeto con capacidades y valores.
En la Unión de Organizaciones Económicas y Mujeres Productoras de Guerrero, A.C., integrada mayoritariamente por mujeres rurales e indígenas, nos hemos propuesto trabajar por mejorar las condiciones económicas, sociales, políticas y culturales de las mujeres del medio rural, promoviendo la realización de proyectos económicos, productivos y sociales, impulsando la capacitación y la organización, defendiendo los principios de equidad entre hombres y mujeres, considerando a la familia como la unidad básica de producción y la célula donde padre, madre e hijos, participan en el esfuerzo de lograr mejores condiciones de vida.
Adoptar una concepción de género, significa reconocer la necesidad de modificar una serie de valores, creencias y posiciones que se han venido construyendo históricamente para distinguir lo masculino de lo femenino, pero que esta construcción ha derivado en detrimento de una relación equitativa en derechos y obligaciones entre hombres y mujeres.
Entendemos el empoderamiento de las mujeres, como un proceso de desarrollo de sus capacidades y valores, de toma de conciencia sobre su papel y contribución a la sociedad, de hacer respetar y hacer valer sus derechos y reivindicaciones como ciudadanas, que les permita participar en las decisiones de su familia y de su comunidad y lograr mejorar sus condiciones de vida en términos de equidad.
En nuestra Organización les decimos a nuestras compañeras, que la inteligencia, la iniciativa, el liderazgo y la fuerza no son características exclusivas de los hombres; como tampoco ser hogareña, comprensiva, frágil y amorosa, son valores inherentes al ser mujer.
Sin embargo, en la lucha por alcanzar nuestros objetivos, nos encontramos ante limitaciones adicionales de diverso tipo, que se convierten en serios obstáculos a los esfuerzos de las mujeres por desarrollarse:

De carácter económico y social.

El trabajo y la presencia de las mujeres en el medio rural no es valorado en igualdad con el hombre; en efecto, el trabajo familiar doméstico no es valorado económicamente, pero tampoco socialmente pues se le considera inferior y hasta vergonzante en una concepción masculina errónea.
De manera creciente la mujer campesina participa en las labores agrícolas al igual que el hombre, pero también atiende el traspatio, sin descuidar la preparación de los alimentos, la atención de los hijos y otras labores dentro de la casa. Esta doble carga, tampoco es valorada con frecuencia por el hombre, más bien la consideran normal y parte de las obligaciones naturales de la mujer.
El impacto de la crisis económica del sector rural, ha tenido una manifestación particular en la mujer; debido a la creciente migración dentro y fuera del país, cada vez más mujeres asumen solas las obligaciones de la familia y de la parcela. Se estima que una mujer de cada cinco familias en el sector rural, ha quedado al frente de su familia y de la producción del campo.
Al no reconocerse ni social ni económicamente el trabajo de las mujeres en la casa, su trabajo no representa valor y en el común de nuestras familias mexicanas donde las relaciones entre hombre y mujer se manifiestan como relaciones de poder, el único proveedor de bienes de valor es el hombre, por tanto es el merecedor natural del poder; la mujer al no aportar dinero, está obligada a obedecer y a realizar los trabajos domésticos.
Es muy frecuente que cuando le preguntamos a una mujer:
¿Usted trabaja?
Ella contesta: No, me dedico a las labores de la casa, o bien : "No, soy ama de casa"
Los derechos y obligaciones de hombres y mujeres tampoco son equitativos en el medio rural, es común que a las mujeres se les limite su derecho a participar en asambleas, a aspirar a puestos de representación comunitaria, a expresar sus opiniones y defender sus derechos. Aún así, hay mujeres que logran imponerse a estas limitaciones, pero son señaladas socialmente y son puestas a prueba con frecuencia ante la severa crítica de las posiciones machistas.

De carácter institucional.

Si bien en el discurso se reconoce la necesidad de la participación de las mujeres en la formulación de sus programas y proyectos, en la práctica, las instituciones tienen un comportamiento directivo, decidiendo por las mujeres el tipo de programas y de proyectos, así como el tamaño y valor de los apoyos que a juicio de las instituciones ellas necesitan. Así, predominan los proyectos de bajo perfil como son máquinas de coser, molinos de nixtamal y gallinas de traspatio. Más que proyectos productivos, se convierten en apoyos asistencialistas.
Con frecuencia las instituciones asumen posiciones de control y liderazgo sobre las organizaciones de base, pervirtiendo su función de servicio público, impidiendo el desarrollo de organizaciones autogestivas y suplantando los liderazgos auténticos.
Teóricamente la existencia de programas y proyectos etiquetados para mujeres, no excluyen a éstas, de aspirar a otros beneficios de otros programas de la Alianza para el Campo, en la práctica, la atención a proyectos de mujeres se reduce al escaso presupuesto que se haya asignado para dichos programas de mujeres.
La actividad de la mujer está directamente relacionada con la atención y cuidado de los hijos, su salud y educación; sin embargo, no existe coordinación interinstitucional que permita impulsar proyectos integrales de desarrollo comunitario, donde además del impulso de proyectos productivos, se atiendan aspectos básicos de salud, educación y capacitación.

De políticas públicas.

En los últimos años se ha producido una incorporación masiva de mujeres al trabajo asalariado o a la llamada economía informal, sobre toda en actividades físicomanuales, por cierto muy mal pagadas, sin prestaciones sociales, sin derechos laborales y sin seguridad en el trabajo, fenómeno que también ha impactado en el medio rural.
Las mujeres jóvenes se incorporan al trabajo doméstico en las ciudades, otras, como jornaleras agrícolas; sin embargo, no se ha desarrollado en forma paralela una política de protección de sus derechos laborales.
¿Qué planteamos como Organización de mujeres?
Los proyectos productivos deben ser decididos y dirigidos por las mujeres y que éstos sean un instrumento para su desarrollo y no para su sometimiento; porque el proyecto no es un fin en sí mismo, sino un instrumento para que la mujer obtenga capacidad económica, mejores condiciones de vida, reconocimiento social y trato con equidad.
Por ello un conjunto de máquinas de coser, puede convertirse en un proyecto de desarrollo, si permite a las mujeres aprovechar su fuerza de trabajo y potencial productivo, obtener utilidades económicas, relacionarse socialmente y avanzar hacia una etapa superior de organización y desarrollo; sin embargo estas mismas máquinas pueden convertirse en instrumento de sometimiento, si su adquisición no fue una decisión suya, si cada quien se la lleva a su casa, si no existe un proyecto organizativo, si no existe un ingreso económico que retribuya su trabajo.
Los programas institucionales para mujeres, deben tener un carácter integral, lo que implica una necesaria coordinación interinstitucional que permita atender las necesidades básicas de las mujeres. No es suficiente echar a andar una microempresa de mujeres, si no se contemplan servicios mínimos de salud y de atención a los hijos, por ejemplo.
Las instituciones deben asumir en la práctica y no solo en el discurso, una concepción de género; esto implica una modificación en los planes y programas institucionales, en las normas y reglas e inclusive, en las formas de pensar y actuar de los servidores públicos.
Por ello, demandamos mayores recursos para proyectos e iniciativas de las mujeres, impulsando paralelamente procesos de organización, asistencia técnica y capacitación, desde la decisión de las mujeres y sus organizaciones, no desde la perspectiva institucional; con personal técnico apropiado por la organización y no controlado y evaluado solo por la institución.
No todos los técnicos tienen una concepción de género, esta es una deficiencia formativa de las Universidades y de la propia sociedad, por ello planteamos que el personal técnico que trabaje con organizaciones de mujeres, debe ser seleccionado por las propias organizaciones y formado con capacitación para que se convierta en un promotor de desarrollo de las mujeres y no un elaborador de proyectos a destajo.


El derecho a saber... ¡hagámoslo valer!


Colaboración de Carlos García

El título de esta colaboración es justamente el slogan de la campaña que un grupo de organizaciones sociales guerrerenses ha venido impulsando desde hace unos meses para que los ciudadanos hagan valer su derecho a saber como una práctica cotidiana reconocida por todos.
En otros términos, la campaña por el Derecho a Saber, tiene el propósito de promover entre los ciudadanos el ejercicio de solicitar información útil a las instituciones públicas; que las instituciones visibilicen la información de interés público sin necesidad de que los ciudadanos tengan que solicitarla; que la Caipegro (Comisión de Acceso a la Información Pública del Estado de Guerrero) asuma el papel de garante de este derecho eliminando su actual burocratismo, opacidad y sesgo pro institucional en sus resoluciones; que el Congreso local, mediante consulta a la ciudadanía, reforme la actual Ley de Acceso a la Información para hacerla asequible a los ciudadanos; y que la cultura de transparencia de la información pública sea una condición básica para democratizar la gestión de las instituciones públicas y los procesos políticoelectorales.
El Derecho a Saber es el más esencial de entre los muchos derechos que los ciudadanos podemos ejercer. Sin este derecho no es posible que ejerzan plenamente sus derechos económicos, sociales, políticos, culturales y ambientales. Mediante el ejercicio del Derecho a Saber, los ciudadanos pueden saber cómo se están gastando sus impuestos; cómo están trabajando sus representantes populares y cuánto perciben por su desempeño como servidores públicos; cómo se distribuyen los beneficios del erario público; cómo se toman las decisiones sobre los asuntos de interés público, y qué impacto han tenido estas decisiones.
Saber acerca de los asuntos de interés público es un derecho inalienable y universal que permite orientar la participación de la gente hacia la construcción de una sociedad más justa y democrática.
Este derecho es un logro reciente de la sociedad mexicana. Alcanzó status legal con la aprobación de las leyes Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública (2002), y la de Acceso a la Información Pública del Estado de Guerrero (2005). Aunque estas leyes todavía tienen vacíos y deficiencias que impiden que los ciudadanos ejerzan con libertad su Derecho a Saber, constituyen sin embargo un paso importante en el camino hacia la democratización de la vida social y política del país.
Afortunadamente, como resultado del ejercicio ciudadano de este derecho, las deficiencias y vacíos existentes en dichas leyes fueron contrarrestadas en las recientes reformas al artículo 6º constitucional que a la letra establecen que:
I. Toda la información en posesión de cualquier autoridad, entidad, órgano y organismo federal, estatal y municipal, es pública y sólo podrá ser reservada temporalmente por razones de interés público en los términos que fijen las leyes. En la interpretación de este derecho deberá prevalecer el principio de máxima publicidad.
II. La información que se refiere a la vida privada y los datos personales será protegida en los términos y con las excepciones que fijen las leyes.
III. Toda persona, sin necesidad de acreditar interés alguno o justificar su utilización, tendrá acceso gratuito a la información pública, a sus datos personales o a la rectificación de éstos.
IV. Se establecerán mecanismos de acceso a la información y procedimientos de revisión expeditos. Estos procedimientos se sustanciarán ante órganos u organismos especializados e imparciales, y con autonomía operativa, de gestión y de decisión.
V. Los sujetos obligados deberán preservar sus documentos en archivos administrativos actualizados, y publicarán a través de los medios electrónicos disponibles, la información completa y actualizada sobre sus indicadores de gestión y el ejercicio de los recursos públicos.
VI. Las leyes determinarán la manera en que los sujetos obligados deberán hacer pública la información relativa a los recursos públicos que entreguen a personas físicas o morales.
VII. La inobservancia a las disposiciones en materia de acceso a la información pública será sancionada en los términos que dispongan las leyes. Desde julio del año pasado estas reformas ya son de observancia en todo el país. Además, de acuerdo con los artículos transitorios del decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación, todos los congresos locales están emplazados a realizar las modificaciones necesarias a sus leyes de Transparencia a más tardar en julio de este 2008. Y en el mismo tenor, a más tardar en julio del 2009, la federación, los estados y el Distrito Federal “deberán contar con sistemas electrónicos para que cualquier persona pueda hacer uso remoto de los mecanismos de acceso a la información y de los procedimientos de revisión”.
En Guerrero, no obstante este marco legal favorable, el ejercicio del Derecho a saber todavía es incipiente. Por una parte, la ley estatal en la materia, tal como se encuentra ahora, no es muy conocida entre los sujetos obligados (instituciones públicas) ni entre los ciudadanos. Y, por ello, los ciudadanos que han solicitado información pública se han topado con resabios autoritarios y resistencias burocráticas, tanto en dependencias estatales como municipales. Además, la Caipegro, el organismo encargado de difundir la Ley y vigilar su observancia, no ha logrado darse a conocer; la mayoría de las resoluciones que emite, después de un tortuoso procedimiento burocrático, no son favorables a los ciudadanos solicitantes de información.
Sin embargo, a pesar de los obstáculos existentes, el Derecho a saber ya lo empiezan a hacer valer algunos ciudadanos y organizaciones sociales. Las solicitudes de los opositores a la presa La Parota para que la CFE informe de los estudios de impacto ambiental, y a la UAG para que haga público el supuesto Programa de Desarrollo Integral que elaboró y el presupuesto recibido por ello, son acciones que han permitido poner a prueba el uso de las leyes de Transparencia. Lo mismo las solicitudes elaboradas por la Red de Mujeres de Coyuca de Benítez y Acapulco para que se mejoren los servicios de salud del Programa de Oportunidades; o las solicitudes de la OCSS para que el ayuntamiento de Atoyac de Álvarez transparente el presupuesto para Obras Públicas del Ramo 33.
Hoy día, este ejercicio ya se está extendiendo hacia las instancias judiciales, el Congreso local, las instancias electorales y los partidos políticos. El tortuguismo y autoritarismo que los ciudadanos y organizaciones sociales han encontrado en el camino han sido reiteradamente denunciados en reuniones y foros de promoción del derecho a saber. Para contrarrestar esos obstáculos, un grupo de organizaciones sociales han lanzado la campaña El Derecho a Saber…¡hagámoslo valer!, invitando a los ciudadanos a solicitar información (“¡hasta conseguirla!”), utilizando para ello las leyes de transparencia como herramienta de apoyo. La difusión de carteles, folletos, videos y reuniones informativas, son parte de la promoción de este derecho fundamental. En este contexto se inscribe el Simposio El Derecho a Saber, hagámoslo valer desde la ciudadanía, que a convocatoria de la Universidad Campesina del Sur (Unicam-Sur) tuvo lugar el jueves en la Sala de Cabildos del Ayuntamiento de Acapulco. En este evento se expusieron experiencias sociales de cómo el Derecho a saber ha resuelto problemas cotidianos; y se denunciaron casos en donde los sujetos obligados han negado la información.
El ejercicio del Derecho a Saber es el primer paso para romper el centralismo, el manejo discrecional y político de los presupuestos públicos; y la impunidad de los grupos de elite que creen que la información pública es de su propiedad. Por eso, participar en campaña por el Derecho a Saber es una acción vital para que los ciudadanos podamos participar de manera informada en los procesos político-electorales, en la gestión de los recursos públicos y en la evaluación del desempeño de nuestros gobernantes.



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